Palencia

La historia de la ciudad de Palencia se remonta a la antigüedad, con un conjunto de asentamientos de tribus celtíberas que fue denominado Pallantia. El pueblo que la ocupó fue el de los vacceos: el más culto de las tribus celtíberas, agrario y con una poderosa organización militar.​ En la Hispania visigoda fue sede episcopal de la Iglesia católica, sufragánea de la Archidiócesis de Toledo que comprendía la antigua provincia romana de Cartaginense en la diócesis de Hispania. Con los visigodos llegó una de las etapas de mayor esplendor para la ciudad.

 Catedral 

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 Callejeando 

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En la Edad Media, hacia el siglo X está atestiguada la llegada de pobladores de origen cántabro, vasco y mozárabe al viejo emplazamiento palentino. La ciudad se desarrolló en los márgenes del río Carrión impulsada por Sancho III el mayor de Navarra. Durante los siglos XII y XIII creció en extensión y población y se convirtió en un señorío eclesiástico a cuyo frente se hallaba el obispo de la diócesis.

La primera puebla de Palencia se produjo con el nacimiento del barrio de San Antolín, cuya iglesia se edificó sobre la cripta de dicho santo. Durante el obispado de don Raimundo (1148-1184) se construyó un nuevo templo de estilo románico consagrado en 1219. Un siglo después se edificó una nueva construcción de estilo gótico, cuyas obras estuvieron vigentes hasta el siglo XV.

El siglo XVII, pues, significó para la ciudad un periodo de decadencia, que recién pudo recuperar parte de lo perdido en el siglo siguiente. Finalmente, cuando Palencia continuó su desarrollo en los siglos XIV y XV la muralla fue ampliada.